Teníamos una bóxer hembra llamada Nala, pero un primero de mayo falleció.
Ello generó un inmenso dolor y vacío en la familia y, en aquel rincón de la casa donde ella solía dormir, mi esposa colocó una planta para poder recordarla. La planta estaba preciosa y, cuando la mirábamos, nos parecía ver a Nala. Aquella bóxer aleonada que tantos momentos de felicidad nos había brindado y que ahora tan sólo podíamos llevar en nuestros corazones.

Pero esa planta no era suficiente, y mi familia me propuso la posibilidad de adoptar un bóxer. Así que se lo comenté a un amigo peluquero que tiene muchos contactos. Y resultó, no tardó ni dos meses en indicarme la posibilidad de poder adoptar una bóxer atigrada de 18 meses, cuyos dueños no podían cuidarla por motivos laborales.


No lo dudamos ni un instante, y así fue como llegó a nosotros Dana, una hembra bóxer atigrada. Es preciosa y su carácter nos recuerda mucho a Nala.
A los pocos días de estar con nosotros Dana, la planta se mustió y murió, como si Nala hubiese decidido que ya no nos hacía falta. Aunque siempre permanecerá en nuestros corazones.

Manel