Yo estos días estoy pensando mucho en mi perrita Sam. Y el motivo es que ya no la tengo. Era de mi novia, y hemos roto hace dos semanas.
A Sam la he tenido durante casi dos años, y ahora la echo muy en falta. En estos momentos no se me ocurre ninguna anécdota concreta pero sí puedo contar algunas curiosidades.

Para empezar, la gente siempre se queda desconcertada cuando les dices que se llama Sam. Este nombre parece asociarse con un macho, más que con una hembra. Pero a Marta le gustaba mucho este nombre y tenía clarísimo que llamaría a su mascota de este modo, tanto si era macho como si era hembra.
Su color apricot también llama mucho la atención, y es raro el día en que alguien, en algún momento u otro, no comenta que parece un muñeco de peluche.

Es una perrita muy juguetona. Hay un parque cerca de mi casa al que me gustaba llevarla. Este parque tiene una serie de montículos de hierba, y a Sam le encantaba subirlos y luego descender por ellos deslizándose sobre su barriga con las patas de atrás totalmente estiradas. Cuando hacía eso, decíamos que hacía el “gusano”. La gente siempre nos preguntaba si en casa era tan juguetona… Y realmente lo es. Por ejemplo, cuando estás haciendo la cama y estás en un lateral tirando de las sábanas, ella se esconde en el otro lateral, en postura de ataque, y cuando vas hacia su zona, se abalanza rauda sobre ti, ladrando desaforadamente.

Nadie es perfecto, ni siquiera nuestras mascotas. Sam, en concreto, tiene un hábito muy molesto. Cuando pasea por la calle se convierte en una aspiradora con patas. Coge del suelo todo lo que encuentra, especialmente Kleenex(¡son su perdición!). La regañamos, le damos en el hocico… pero nada parece apearla de esta repugnante manía. Creo que si se la torturara, llegaría a morir con el Kleenex en la boca.

Marc