Aún recuerdo el momento en que llegamos al criadero... un montón de emociones se mezclaron dentro de mí. Abrieron todas las jaulas y unos 50 cachorros de Westhys, salieron corriendo como locos, jugando, saludando, todo un espectáculo de alegría. Todos corrían de un lado para otro, algunos escarvaban en la tierra, otros daban saltos, pero uno de ellos... avanzaba unos metros y volvía corriendo a saludarme, y así estuvo durante toda nuestra visita, simplemente.... me enamoré, aquella bolita peluda me había robado el corazón.
En el trayecto de vuelta a casa, lo envolvimos en una gran toalla y sus temblores me hacían conmover. Estoy enferma, tengo Síndrome de Fatiga Crónica y Fibromialgia y cuando Toffy llegó a casa, yo apenas tenía movilidad. Su llanto me hacía entristecer tanto que, cuando no había nadie en casa, me arrastraba por el suelo, hasta llegar a consolarlo y, gracias a él, a su fidelidad, a su amor, a su compañía, he vuelto a sonreír.
Aurora

